«No hay en que invertir», otro de los mitos del ahorro

«No hay en que invertir», otro de los mitos del ahorro

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#Pérez Zeledón. La OCF ha insistido en la urgente necesidad de que las personas adopten el hábito del ahorro. Por eso también ha sido posible identificar esa serie de justificaciones que algunas personas plantean para no ahorrar, las cuales no son más que mitos:

 

  1. Con salarios bajos no se puede ahorrar: Es el más frecuente. La persona se escuda en ese argumento, sin preguntarse primero qué gastos podría eliminar, con lo que podría crear espacio para el ahorro.

 

  1. No me enseñaron a ahorrar: Es una justificación que se relaciona con el hecho de que la educación financiera es limitada. Lo cierto es que sí se puede aprender, en cualquier momento, basta estar conscientes de la conveniencia del ahorro.

 

  1. No hay en qué invertir: En cierto sentido, es una variante del anterior; sin embargo, sí hay opciones que van desde un depósito a plazo en el Banco o la cooperativa; fondos de inversión, planes de pensiones voluntarios. Existe una amplia gama de opciones, que se pueden ajustar a los objetivos de la persona.

 

  1. La COVID-19 me dejó sin posibilidades: Este se ha hecho muy popular. Puede que sea cierto que los ingresos se redujeron. Pero sorprende la frecuencia con que los consumidores comentan en la OCF que la pandemia los obligó a revisar sus gastos, y al final están ahorrando a pesar de tener menos ingreso.

 

  1. La inflación o la devaluación me van a consumir el ahorro: Este argumento fue válido hace 10 o 15 años. Pero la política económica del país ha permitido que los niveles de inflación se mantengan bajos y menores que las tasas de interés, por lo que, en la actualidad, no es válida esa excusa.

 

  1. Tengo tantas deudas que no puedo ahorrar: En efecto, algunas personas tienen mucha deuda, y no les deja efectivo al final del mes. Pero algunos ajustes a los hábitos de consumo pueden generar ahorro, por poco que sea, que se puede dedicar a bajar las deudas. Recuerde que ahorrar no solo significa guardar dinero, sino también destinar recursos al pago de deudas.

 

  1. Para qué ahorrar si el banco me paga cualquier cosa: Con los niveles de inflación tan bajos de los últimos años, es cierto que las tasas de interés han disminuido. Sin embargo, “comerse” todo el ingreso disponible no es prudente, pues impide crear una reserva para tiempos difíciles.

 

  1. Estoy muy viejo (o muy joven) para ahorrar: Para los jóvenes, es complicado el ahorro porque significa frenar su deseo de vivir la vida a su gusto, y para los mayores, porque tienen obligaciones. En ambos casos, solo son excusas. En cualquier momento, el hábito del ahorro permite aportar al patrimonio familiar. Y cuanto más joven se inicie, mejor aún.

 

  1. Es tan poco lo que puedo ahorrar que no vale la pena: Las personas se plantean objetivos de ahorro tan elevados, que no son alcanzables de inmediato, por lo que los abandonan. El ahorro es una práctica de largo plazo, que aún si comienza con montos pequeños pero sostenido, a lo largo de muchos años se convertirá en una cantidad respetable.

 

  1. Lo poco que ahorro se va en impuestos y no me queda nada: Las personas argumentan que no vale la pena ahorrar porque le cobran impuestos sobre los intereses. Lo importante no es lo que le rebajan, sino lo que realmente les queda de intereses. Eso es lo que se suma a su patrimonio.

 

“Se trata de ideas que se han anidado en el pensamiento popular, que no tienen mayor sustento y menos aún en el contexto de una crisis, que ha probado que el ahorro siempre permitirá enfrentar mejor la incertidumbre de nuestras sociedades. Los mitos hay que derribarlos”, concluyó Montero.