En el Corredor Biológico AmistOsa, el canto del pájaro campana y otros sonidos del paisaje sonoro se convierten en herramientas de monitoreo comunitario participativo para la gestión de la biodiversidad y ecosistemas.
Aunque suele pasar inadvertida entre la vegetación, su canto metálico y potente delata su llegada. Se trata del pájaro campana, una especie emblemática del Corredor Biológico AmistOsa, con estatus de conservación vulnerable, el cual se ubicado en la zona sur de Costa Rica.
El Instituto Internacional de Conservación y Manejo de Vida Silvestre (Icomvis) y la Escuela de Ciencias Biológicas (ECB), ambos de la Universidad Nacional (UNA), ejecutaron el proyecto “Detección acústica automatizada del pájaro campana en el Corredor Biológico AmistOsa” en conjunto con el Sistema Nacional de Áreas de Conservación (Sinac) y el Comité Local de Gestión, con el fin de aportar datos para la toma de decisiones de conservación informadas y sostenibles.
De acuerdo con Jimmy Barrantes Madrigal, investigador del Icomvis-UNA, este proyecto utiliza monitoreo acústico pasivo, una técnica que consiste en colocar grabadoras en sitios estratégicos para registrar sonidos del ambiente durante periodos prolongados. Esto permite obtener una “fotografía sonora” del ecosistema sin alterar el comportamiento natural de las especies.
De acuerdo con Barrantes, las grabadoras se programaron para registrar 5 minutos cada 15 minutos, desde las 5:00 a.m. hasta las 6:00 p.m. en múltiples sitios.
El resultado muestra 135 horas de grabación por día entre todos los puntos de muestreo.
En un solo año, la cantidad total de audio equivaldría a más de 3,7 años escuchando sin parar, una cifra que hace evidente que ningún equipo humano podría revisar manualmente toda la información.
Los investigadores desarrollaron un proceso de detección acústica automatizada, mediante algoritmos entrenados para reconocer patrones del canto del pájaro campana.
Uno de los principales resultados fue el determinar que el monitoreo acústico sí permite detectar la presencia del pájaro campana a lo largo del Corredor Biológico AmistOsa, lo que abrió nuevas preguntas sobre las rutas, su permanencia y su comportamiento migratorio.
Los registros muestran que existen zonas donde la especie se detecta con mayor frecuencia y durante más días, mientras que en otras no aparece o aparece intermitentemente.
De acuerdo con los investigadores, esto puede depender de condiciones climáticas, ubicación de las grabadoras, rutas alternas o momentos del ciclo anual en que los individuos vocalizan menos.
Paralelo al monitoreo, se construyó un Plan de Educación Ambiental basado en el paisaje sonoro y la biodiversidad del corredor, el cual se desarrolló mediante un proceso colaborativo con talleres participativos dirigidos a actores que ya trabajan en educación y personas vinculadas a organizaciones comunitarias.
El proceso, incluyó el diagnóstico, priorización y definición de una ruta de acción con cronograma, responsables e indicadores.
Se identificaron cuatro dimensiones prioritarias: personal y familiar; educación y formación; comunitaria y productiva. Cada una con propuestas concretas: manejo de residuos, plantas para polinizadores, ferias comunitarias, aulas al aire libre, ciencia ciudadana, certificaciones ambientales, cercas vivas, ganadería regenerativa, turismo rural comunitario, entre otras.
Además, el plan incorpora el uso del sonido como herramienta pedagógica para comprender ecosistemas. Un taller inicial, por ejemplo, se tituló “Conociendo los ecosistemas a través de los sonidos”, desarrollado en Finca Cántaros, donde las personas participantes practicaron escucha activa y reconocieron el potencial del paisaje acústico para procesos educativos.
Como parte del proyecto, se trabaja en un protocolo de monitoreo biológico para implementarse en un gradiente altitudinal de 1.000 a 1.500 metros en la zona de San Vito, con participación de actores del comité local y propietarios privados.





|